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Construir sobre la roca

En la primera parte de esta respuesta partimos de las palabras de Jesús, “Construiré mi iglesia”, y analizamos el significado de la palabra “iglesia”. Se llegó a la siguiente conclusión:

La iglesia que construirá Jesús, será su pueblo, sus discípulos: congregados en reconocimiento de su autoridad”. Esta definición se deduce tomando en cuenta tanto el significado de la palabra iglesia en griego (ekklesía = asamblea), como el contexto específico del evangelio de Mateo.

En la presente entrega, ampliaremos el contexto original de las palabras de Jesús para incluir la palabra “roca”: “Sobre esta roca construiré mi Iglesia”, y veremos que nuevamente el contexto general del evangelio de Mateo nos ayuda a entender a qué se refiere Jesús. La definición de esta palabra es importante, ya que si podemos identificar a la “roca” en estas palabras de Jesús, estaremos más cercanos a la posibilidad de seguir con su plan original de construcción.

Interpretaciones tradicionales 

Ahora nos remitimos al contexto inmediato, Mateo 16.18: “Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”.

Dos posiciones tradicionales con respecto a la identidad de la “roca” la identifican como: 1) Pedro, o si no,
2) lo que Pedro acaba de confesar en Mateo 16.16: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. ¿Podemos optar por una de estas dos posiciones?

Consideremos nuevamente la frase en Mateo 16.18, donde Jesús dice, “Yo también te digo que tú eres Pedro (petros), y sobre esta roca (petra) edificaré mi iglesia”. Las palabras entre paréntesis, petros y petra, ambas signfican “piedra” o “roca” en griego, el idioma en el cual escribe Mateo. Por una parte, es evidente que, así como el evangelista relata el momento, Jesús hace un juego de palabras entre el nombre que Él elige para Pedro (quien originalmente se llamaba Simón) y la “roca”. Por otra, las palabras petros y petra, son diferentes, no comunican exactamente lo mismo en griego, a pesar de compartir la misma raíz; de manera que se dificulta la elección entre las dos interpretaciones mencionadas.

Construir sobre la roca: dos veces en Mateo

Para entender lo que Jesús quiso decir al asociar la “roca” de alguna manera con Pedro, es conveniente recordar la manera en que Mateo ha captado las ideas y palabras de Nuestro Señor a lo largo de su evangelio. En esta obra encontramos reiteradas veces ideas que se presentan en un momento y luego vuelven a desarrollarse en otro contexto del ministerio de Jesús. Aquí justamente encontramos uno de los ejemplos más claros de este fenómeno. La relación entre “construir” y “la piedra” o “roca” se presentan por primera vez al finalizar el Sermón del Monte en el capítulo 7.24-28. Allí la metáfora del hombre prudente o sabio introduce el concepto de aquel que “construye su casa sobre la roca”. En ambos casos, Mateo 7.24 y 25 y Mateo 16.18, el concepto es el mismo: construir sobre la roca (petra).

En el contexto de Mateo 7.24-29 el hombre prudente que construye sobre la roca es aquel que escucha y hace lo que Jesús dice, es decir, uno que realmente se propone vivir como su discípulo. Se trata del momento cuando Jesús acaba de pronunciar el Sermón del Monte a la gente y a sus discípulos; al finalizar, la multitud reconoce la autoridad de Jesús para enseñar (Mateo 7.28-29). Esta misma autoridad para enseñar es la idea clave con la cual Mateo cierra su relato de la vida y las palabras de Jesús como Mesías en el 28.19-20. El discípulo reconoce la autoridad de Jesús como Mesías y por lo tanto aprende a “obedecer todo lo que manda” (Mateo 28.20). Este llamado a la obediencia a las enseñanzas de Jesús es el mismo que se describe al final del Sermón del Monte; el que responde a este llamado describe al sabio que “construye” sobre la “roca”. De manera que la roca representa el reconocimiento de la autoridad de Jesús para enseñar: como Maestro, Él tiene la autoridad única y propia del Mesías.

¿Gibraltar o gelatina?

En el 16.16, tomando en cuenta el contexto global del pensamiento de Mateo, podemos considerar a Pedro como representativo del hombre sabio: reconoce en Jesús la autoridad inconfundible del Mesías al afirmar: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Este reconocimiento es la roca sobre la cual Jesús construye su Iglesia. Ella está compuesta de seres humanos prudentes y sabios como Pedro, dispuestos a construir sus vidas a los pies de Jesús el Mesías. Estas personas son su pueblo, su Iglesia, sus discípulos. Lectores atentos al evangelio, sin embargo, seguramente no llegarán a la conclusión de que la cualidad más característica del apóstol Pedro es la prudencia, o la sabiduría. Efectivamente, pocos renglones después, cuando él quiere estorbar la voluntad de Dios (16.21-22), Pedro pasa a representar a los que se oponen a Dios, incluso al gran jefe de la oposición, Satanás (16.23). Podríamos decir que Pedro en un instante deja de ser el hombre sabio que construye sobre la roca para convertirse en otro personaje, el tonto que oye a Jesús hablar pero no le hace caso (Mateo 7.26-27). Para realmente merecer el nombre de “Piedra”, tiene que aprender a vivir según las normas del Sermón del Monte en capítulos 5 al 7. Como muchos discípulos modernos de Jesús, más que una roca inamovible de Gibraltar, Pedro suele asemejarse más a una masa de gelatina.

Construir = formar discípulos

Las claras coincidencias entre estas dos instancias, en las que se recurre a la “construcción sobre la roca” para hablar de la respuesta a la autoridad de Jesús como Mesías, seguramente reflejan el propósito de Mateo al escribir . Esto es un ejemplo de la importancia de leer su evangelio en su totalidad para entender mejor las distintas partes que lo componen. En ambos casos, cuando se reconoce la autoridad de Jesús, Él construye su iglesia: suma a discípulos. Este reconocimiento es lo que encontramos en la confesión de Pedro en el 16.16. Al asumir el compromiso de reconocer que Jesús realmente es el Mesías, Pedro, representa al discípulo, el que construye su vida sobre el hecho de seguir a Jesús como Rey. Según la metáfora que Pedro mismo utiliza algunos años después, él sería una sola “piedra viva” 1 , que, unida a otras, se aferra a la piedra principal, Jesús, para llegar a ser un “templo”: metáfora que este apóstol usa para hablar de un pueblo que anuncia las maravillas de Dios (1 Pedro 2.4-10). De manera que ambas interpretaciones tradicionales de la “roca” en Mateo 16.18, (Pedro, o si no, su confesión) reflejan solamente en parte lo que Mateo quiso comunicar, ya que para una interpretación acertada es necesario tomar en cuenta el contexto total de su evangelio.

Hemos agregado un elemento a nuestra definición de la iglesia verdadera: ya habíamos visto que lo que se construye es la Iglesia de Jesús, el pueblo compuesto de sus discípulos, a quienes Él vino para salvar de sus pecados. Ahora vemos que si no estamos dispuestos a someternos a su autoridad y aprender a obedecer todo lo que Él enseñó (Mateo 28.18-20), no podemos ser parte de la iglesia que Él construye. En nuestra próxima entrega, veremos el elemento imprescindible para que ese proceso de construcción comience: la iniciativa de Dios.

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