Parte 3, Legitimidad en la relación de pareja: ¿Cuál es la definición del apóstol Pablo?

Parte 3, Legitimidad en la relación de pareja: ¿Cuál es la definición del apóstol Pablo?

Relaciones de poder en la sexualidad entre los gentiles

El judaísmo en tiempos bíblicos, dividía la humanidad entre judíos y “gentiles”, i.e. “las gentes” o “naciones”. En el Tanaj se relata cómo Dios había elegido a Israel como su pueblo; Jesús, en cambio, construiría a su pueblo, la Iglesia, de entre todas las naciones (Mateo 16.18; 28.18-20). Los primeros conversos al cristianismo eran judíos monoteístas; en cambio, los gentiles eran politeístas y tendrían que aprender primeramente que existe un solo Dios verdadero. En cuanto a las relaciones de pareja, en la cultura grecorromana existía el matrimonio, pero en cuanto a satisfacción sexual en sí, era una sociedad verticalista.

Un factor determinante.

El manejo del poder era un factor determinante en cuanto a la legitimidad de las relaciones sexuales. Un amo, por ejemplo, podía mantener relaciones sexuales con su esclavo o esclava. De hecho, la prostitución en la cultura grecorromana era en gran medida con esclavas y se consideraban la manera más apropiada de satisfacer la sexualidad y de esta manera resguardar la castidad de las mujeres libres, candidatas legítimas para el matrimonio. Los templos politeístas y el ambiente del banquete grecorromano incluían amplias oportunidades para tener relaciones con los de menos poder. En cambio, las relaciones matrimoniales existían sobre todo para producir herederos y ciudadanos, es decir perpetuar la casa y la sociedad (ver la parte 1 de esta serie). 

¿En qué consiste la “inmoralidad” en las relaciones de pareja? 

¿Cómo encara el “apóstol a los gentiles” la enseñanza de cristianos nuevos provenientes de la cultura grecorromana en vez del judaísmo? En primer lugar, en su papel de apóstol a las naciones, él toma como punto de partida las enseñanzas de la Torá1 en cuanto a las relaciones de pareja y las inculca en las comunidades cristianas gentiles. Esto es evidente sobre todo en su primera epístola a la iglesia de Corinto. En los capítulos 5 al 7, varias veces alude a enseñanzas de Levítico 2 y otras partes de la Torá para definir en qué consiste la “inmoralidad sexual” (porneia en griego).

El incesto: Primero el apóstol Pablo condena el incesto. Dice que en la iglesia de Corinto un hombre se había casado con su madrastra, una práctica inmoral que no era aceptable “ni siquiera entre los gentiles”. Al condenar al cristiano de Corinto que tenía como mujer a la esposa de su padre (1 Corintios 5.1), alude a Levítico 18.8: “no tendrás relaciones sexuales con la esposa de tu padre…”. Recurriendo a su autoridad apostólica, ordena “expulsar” al incestuoso de la comunidad (1 Corintios 5.1-5), con la esperanza de que tome conciencia, cambie y se salve. 

El adulterio: En 1 Corintios 6.9 condena al “adúltero”, término que actualmente se entiende como la persona casada que tiene relaciones sexuales con alguien que no es el esposo/esposa. Dentro de la cultura clásica griega, el adúltero “violaba” la condición “honorable” de la mujer “libre”. En sí, el adulterio era un delito contra el esposo de la mujer involucrada: era una ofensa de un varón contra otro. 3 Jesús, en cambio, ya había puesto en iguales condiciones a los “adúlteros” masculinos y femeninos (Marcos 10.11-12).

Relaciones sexuales entre dos varones: También Pablo incluye como “inmorales” a las relaciones homosexuales masculinas. Para esto emplea dos términos en 1 Corintios 6.9.4 Uno de estos términos es “malakos” que significa “blando” o “suave” y en este contexto se traduce como “afeminado”. Específicamente malakos se refiere al hombre que ocupa un papel pasivo en un encuentro homosexual masculino. El otro término “arsenokoítēs” [se compone de “arsēn” (varón) y “koiteomai” (acostarse)] es un vocablo que el apóstol deriva de Levítico 18.22 y Levítico 20.13 en la traducción al griego del Tanaj,5 donde se prohíbe al varón acostarse “con otro varón como si fuera una mujer”. Evidentemente con este segundo término, arsenokoítēs, se refiere al papel más activo o dominante (en contraste con malakos) en un encuentro homosexual masculino. Se traduce en la versión Reina Valera como “los que se acuestan con hombres”.   

Tomados en su conjunto estos dos términos, “afeminados” y “los que se acuestan con hombres”,  en la cultura grecorromana podrían referirse en algunos casos a una relación de índole sexual entre amo y esclavo, ambos siendo varones. Recordemos que la satisfacción sexual de un ciudadano con una persona de menos poder, esclavo o esclava, era aceptable en aquella sociedad. Como apóstol a los gentiles, Pablo condenó este tipo de relaciones, al punto de afirmar que los que las practicaban no entrarían en el reino de Dios. Esto fue una advertencia tan severa como la expulsión del incestuoso de la iglesia en 1 Corintios 5.1-5. 

Algunos de la comunidad cristiana de Corinto habían participado de varios de estos distintos tipos de inmoralidad sexual, pero habían sido “lavados, santificados y justificados” (1 Corintios 6.11). Es decir, habían abandonado estas costumbres como una decisión necesaria para tener a Jesús como su Señor. Sin embargo, no eran, en cambio, estos tipos de inmoralidad sexual peores pecados que otros que del mismo modo descalificaban a uno de entrar al reino de Dios. El apóstol incluye a los que practicaban practicaban estos tipos de inmoralidad sexual como “malvados”, en condiciones iguales con “los idólatras, ladrones, avaros, borrachos, calumniadores y estafadores” (1 Corintios 6.9-10). (Seguramente todos los componentes de esta lista merecen un tratamiento especial para tomar conciencia de la necesidad de evitarlos.)

Prostitución femenina: Luego el apóstol incluye entre lo que es “inmoral”, a la prostitución femenina, recurriendo nuevamente a la Torá (Génesis 2.24, citado en 1 Corintios 6.16). En el judaísmo, “cometer inmoralidad sexual” en un principio se refería a la prostitución, pero llegó a entenderse como “tener relaciones sexuales fuera del matrimonio”, i.e. no ser casto.6  En el imperio romano un alto porcentaje de prostitutas eran esclavas; tal vez un tercio de los habitantes del imperio vivían en la esclavitud,7  y en la ciudad de Roma un veinte por ciento vivían en esta condición.8

Al condenar el apóstol Pablo la prostitución como una práctica inaceptable para los cristianos, el contraste con el mundo gentil es marcado, ya que en el mundo grecorromano las relaciones sexuales con una esclava dedicada a la prostitución se consideraban normales para los ciudadanos masculinos (ver parte 1). 

¿Qué cambia introduce el nuevo paradigma cristiano para la relación de pareja legítima?

El apóstol a las naciones, aplicando enseñanzas extraídas de la Torá, ha encapsulado como inmoralidad sexual a varias actividades: incesto, adulterio, relaciones homosexuales masculinas y prostitución. ¿Incluiría en esta lista «cosas semejantes a estas» (como hace en otra lista en Gálatas 5.21)? Todas las que él mencionó merecían expulsión de la comunidad cristiana para lograr que el ofensor recapacitara y evitara un destino eterno fuera del reino de Dios. Pablo enseñó que ya que existían tantas clases de “porneia” (inmoralidad sexual) “que cada hombre tenga su propia esposa y cada mujer tenga su propio esposo” (1 Corintios 7.1-2). Es decir, como Enviado por Jesús a los gentiles, el apóstol Pablo definió una relación de pareja legítima como la heterosexual entre cónyuges, varón y mujer. En vez de una relación verticalista, en la que el más poderoso se satisface sexualmente con el de menos poder, propuso una relación entre iguales. El marido cristiano ya no buscaría satisfacerse en relaciones extramatrimoniales con personas de menos poder social, específicamente esclavos, sean mujeres u hombres. El sentido del sexo en el matrimonio ya no será sencillamente para procrear, como se acostumbraba en la cultura grecorromana, sino para satisfacerse mutuamente. De esto hablaremos en las próximas entregas. 

Muchas gracias, Nicole, por el diálogo que ha motivado esta respuesta. 

Parte 1 Legitimidad en la relación de pareja: ¿en qué consiste?

Parte 1 Legitimidad en la relación de pareja: ¿en qué consiste?

Según el código civil argentino

En las últimas décadas, hemos vivido cambios sociales vertiginosos en la Argentina en cuanto a lo que constituye el matrimonio. Desde la primera unión civil en el 2003 hasta el casamiento de un legislador bonaerense con otro varón bajo la figura del “matrimonio igualitario” en abril del 2019 las relaciones de pareja entre personas del mismo sexo han ganado terreno y legitimidad. Cuestionarlas se considera -con cada vez más frecuencia- discriminatorio y hasta ilegal en algunas circunstancias. Incluso se ha legislado que en los casamientos civiles en la Argentina ya no se habla de “hombre y mujer”, sino de “contrayentes” sin especificar el sexo de las personas que contraen matrimonio. 

Esta práctica actual contrasta marcadamente con el concepto heterosexual tradicional judeocristiano del matrimonio. Podríamos preguntarnos… ¿no podrían ambos paradigmas convivir? ¿No apunta lo “igualitario” a lo que es justo y deseable? ¿Cómo podría considerarse como ilegítima una unión entre dos seres humanos conscientes y responsables de sus propias elecciones? ¿Quién decide en cuanto a lo que constituye la legitimidad en la relación de pareja?

¿Cómo se establece un paradigma en cuanto a lo que es aceptable o legítimo en una relación de pareja?

“Legítimo” significa en primer lugar legal, conforme a las leyes. No obstante, según la RAE también puede significar: “cierto, genuino y verdadero en cualquier línea”, es decir, no solamente en el ámbito de las leyes. Si bien los gobiernos establecen la legitimidad en muchos aspectos, en otros ámbitos la práctica determina lo que es normal y aceptable, dicho de otro modo, lo que es “legítimo”. Tanto en las leyes como en la práctica, en los últimos tiempos hemos visto el cambio en cuanto a la definición del matrimonio. No sería nada sorprendente si en el futuro se modificara aún más. Por otra parte, dentro de la sociedad, lo que es “legítimo” en el matrimonio según las leyes, sigue encontrando rechazo de parte de algunos ciudadanos que podrían considerarse como reaccionarios. De la misma manera, si uno se remontara casi dos milenios atrás, a un primer momento de la enseñanza cristiana sobre la legitimidad en las relaciones de pareja, podríamos notar que también apareció en un ámbito que le era hostil. ¿Cómo surgió? En su momento, ¿cómo estableció su legitimidad? ¿Cómo pasó a ser algo aceptable en un segmento de la cultura grecorromana del primer siglo d.C.?

Obsesionados por la legitimidad en el mundo clásico

Refiriéndose a la cultura helénica clásica, el autor Harper afirma que los “varones griegos estaban obsesionados por la cuestión de la legitimidad” 9. La solución de la sociedad era definir bajo qué condiciones una mujer era “libre”, i.e. una candidata aceptable para casarse y tener hijos “legítimos” quienes podrían heredar. Las mujeres en condiciones de casarse y las esposas eran libres, honorables. En cambio, prostitutas, esclavas y cortesanas no lo eran. Lejos de ser mal visto en la sociedad, recurrir a mujeres que no eran libres para satisfacerse sexualmente era una manera aceptable de evitar la violación de mujeres honorables, libres. El honor de las mujeres libres debía mantenerse para proteger la legitimidad. 

Verticalidad en la sexualidad

Las relaciones sexuales solían ser verticalistas; es decir, para satisfacerse sexualmente la persona con más poder tenía libre acceso al cuerpo de la persona de menos poder. La esclavitud, que desempeñaba un papel importante, es tal vez donde más se evidenciaba este aspecto verticalista de la sexualidad en la sociedad. El amo tenía poder sobre el cuerpo de sus esclavos: hombres o mujeres. 

En la sociedad romana, la mujer libre pasaba de la sujeción al padre a la del marido. “Jamás, mientras sobreviven los hombres, desaparece la sujeción femenina; ellas mismas aborrecen la libertad producida por la pérdida de su padre o maridos”2 según el historiador romano Tito Livio. 3

La “legitimidad” en una relación de pareja en la sociedad grecorromana clásica, se establecía con otras normas que la sociedad argentina del siglo veintiuno en gran medida no comparte. Por lo menos en lo que concierne a las leyes, la sociedad contemporánea es más igualitaria. Sin embargo, en tiempos de la cultura clásica se introdujo otra cosmovisión que definía de otra manera la legitimidad en la relación de pareja. Veremos en la próxima entrega lo que sucedió cuando los parámetros del cristianismo en cuanto a la pareja llegan por primera vez al mundo clásico. 

Agradecemos a Nicole por haber motivado el comienzo de la respuesta a esta pregunta.