Parte 1, ¿“Los Hechos de los Apóstoles” es un relato fidedigno? James Smith y el “Viaje y Naufragio de San Pablo”

Parte 1, ¿“Los Hechos de los Apóstoles” es un relato fidedigno? James Smith y el “Viaje y Naufragio de San Pablo”

En el siglo XIX un experimentado marinero, llamado James Smith, decidió investigar la exactitud de la información de Lucas sobre el viaje del apóstol Pablo y su naufragio en la isla de Malta, relatado en el libro de Los Hechos de los Apóstoles. El señor Smith además de su experiencia marinera, fue presidente de la Sociedad de Arqueología de Glasgow (Escocia) y biblista. Se valió de estas tres áreas de conocimiento para sus investigaciones de los eventos que el evangelista Lucas describe en Hechos, capítulo 27. El libro que Smith escribió se llama “The Voyage and Shipwreck of St. Paul1 (El viaje y naufragio de San Pablo), fue publicado por primera vez en 1848 y en cuanto a investigaciones de la exactitud de este relato de Lucas, no ha sido superada hasta el día de hoy. 

¿Cuál fue la metodología de Smith?

Este investigador tomó en cuenta diferentes factores, como el clima del Mediterráneo en la época en que el apóstol Pablo y sus compañeros fueron llevados a bordo de la nave que naufragó en la Isla de Malta. Partiendo del relato de Lucas, Smith consideró asimismo el tipo de nave que se utilizó (un barco granero procedente de Alejandría en Egipto), los vientos de aquella época del año (casi invierno), las corrientes marinas de la zona, el peso de la carga de trigo que transportaba el barco, la probabilidad de tormentas y la distancia de la costa de Malta cuando los pasajeros podrían haber escuchado el oleaje. Es decir, consideró los factores a su disposición y decidió que desde el comienzo de la tormenta hasta que la nave naufragó en la Isla de Malta, podrían haber pasado 13 días, una hora y 21 minutos. 2 Lucas, el autor de Los Hechos de los Apóstoles, afirma que se tardó 14 días (Hechos 27.27, 27.33): una escasa diferencia de algunas horas. Es decir, la conclusión basada en lo que Smith investigó en el siglo XIX y lo que Lucas describió en el siglo primero coinciden. 

Evidencia certera de un testigo presencial

Es llamativa la cercanía entre los trece días calculados por Smith basándose en el material bíblico y los catorce días mencionados por Lucas. Tal coincidencia confirma la precisión que Lucas era capaz de alcanzar como cronista. Recordemos que en este caso él escribe como testigo presencial, ya que se incluye entre el grupo de los viajeros, usando “nosotros” (por ejemplo, en Hechos 27.27: “Ya habíamos pasado catorce noches a la deriva por el mar Adriático cuando a eso de la medianoche los marineros presintieron que se aproximaban a tierra”). Al escribir en la primera persona (“nosotros”), Lucas se incluye entre los que habían estado en el barco durante la tormenta. De la misma manera, él se introduce en la narrativa en otros episodios del Libro de los Hechos ( Hechos 16.10-16, 20.5-8, 20.13-15, 21.1-18). Es testigo presencial de gran parte de los eventos de “Los Hechos de los Apóstoles” y da evidencia de ser un cronista cuidadoso y organizado.

¿Qué lugar ocupa El Libro de los Hechos en la historia bíblica?

Los Hechos es el único relato en la Biblia de las tres primeras décadas del cristianismo y es una digna continuación del Evangelio de Lucas. Allí, en el primer tomo de su crónica, Lucas describe su metodología: “después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes […] he decidido escribir para ti, ilustre Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido”. 3 Él dedica ambos tomos al “ilustre Teófilo” (Lucas 1.1-2, Hechos 1.1), posiblemente un oficial romano. Lucas quería escribir un relato sólido acerca de Jesús en su evangelio de una manera “ordenada”, valiéndose de “testigos oculares y servidores de la Palabra” (Lucas 1.2). Esta metodología continúa en el segundo tomo de su obra, El Libro de los Hechos, donde, por ejemplo, es llamativa la manera en que él se esmeró en cuidar los detalles del relato del naufragio narrado en el capítulo 27. La obra de James Smith del siglo XIX, da evidencia de la meticulosidad de Lucas como cronista. Su investigación nos da evidencia sólida para tomar en serio la intención de este autor: comunicar la verdad acerca de Jesús (el Evangelio de Lucas) y las tres primeras décadas del cristianismo (Los Hechos de los Apóstoles).  En la próxima entrega veremos más evidencia de la capacidad de Lucas como cronista en El Libro de los Hechos.

Agradecemos a uno de los “grupos hogareños” de la Iglesia de Cristo de Caballito por haber motivo esta entrada en “Biblia y teología”. 

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Parte 2, ¿“Los Hechos de los Apóstoles” es un relato fidedigno? La despedida del Apóstol Pablo de los ancianos de Éfeso.

Parte 2, ¿“Los Hechos de los Apóstoles” es un relato fidedigno? La despedida del Apóstol Pablo de los ancianos de Éfeso.

Repaso de la entrada anterior

En la entrada anterior vimos que la veracidad del relato del viaje y naufragio de Pablo (en el capítulo 27 del Libro de los Hechos de los Apóstoles) fue confirmada en el siglo XIX por medio de las investigaciones de James Smith. Este erudito bíblico, quien a la vez era navegante de oficio, comparó los detalles del viaje y naufragio relatados en Los Hechos, con lo que él pudo averiguar acerca de las condiciones meteorológicas que solían regir en el siglo primero en el Mediterráneo, además del transporte marítimo, el comercio y las costumbres de la época. Las coincidencias entre las conclusiones de Smith y el relato de Lucas son llamativas y convincentes en cuanto a la veracidad del Libro de los Hechos (véase la entrada anterior ). 

Otra investigación que nosotros mismos podemos hacer 

Sin menospreciar el valor del trabajo exhaustivo que realizó Smith en su época, podemos hacer algo similar sin necesidad de ir al Mediterráneo. No necesitamos más que un Nuevo Testamento o una Biblia. Aquí encontramos en el capítulo 20 de El Libro de los Hechos las palabras del Apóstol Pablo dirigidas a los ancianos de la iglesia de Éfeso, quienes fueron a despedirse de él en la ciudad de Mileto (Hechos 20.17-38). Veremos que hay una manera sencilla de constatar si Lucas realmente registró lo que Pablo les comunicó en esta despedida. 

El discurso del apóstol Pablo en Mileto tiene la particularidad de ser el único dirigido a cristianos en El Libro de los Hechos. Los demás discursos en esta obra, incluyendo los de Pablo mismo, son mayormente defensas del evangelio frente a públicos que sabían poco o nada  acerca de Jesús. Por eso todos los discursos, excepto este, hablan de la muerte de Jesús, su entierro y su resurrección conforme a los planes de Dios. Se remiten a profecías del Antiguo Testamento para confirmar que Jesús es el Mesías prometido, el que debía morir por los pecados de los hombres y resucitar de entre los muertos trayendo el perdón de los pecados, prometiendo la salvación eterna frente al juicio venidero en el fin del mundo. La mayoría de los discursos de Los Hechos instan a los oyentes a arrepentirse de sus pecados y bautizarse para aceptar a Jesús como su Salvador y Señor, siguiéndole a Él de ahí en adelante hacia una nueva forma de vida (ver por ejemplo, Hechos capítulos 2, 3, 7, 13, 17.1-3). 

¿Cómo son las palabras de Pablo al dirigirse a otros cristianos?

En cambio, cuando Pablo se despide de los ancianos de Éfeso, a diferencia de los demás discursos en Los Hechos, no encontramos ninguno de estos temas recurrentes en los otros discursos. ¿Por qué? Simplemente porque en este discurso, a diferencia de todos los demás, él se dirige a otros hermanos de la fe en Jesús, a otros cristianos. Con estos hombres Pablo es mucho más personal, abre su corazón, así como suele hacerlo en sus epístolas destinadas a iglesias y allegados cristianos. No es sorprendente, entonces que una comparación de la despedida a los ancianos de Éfeso y las epístolas de Pablo revele notables coincidencias. 

¿Cuáles son algunos de los puntos en común entre la despedida en Mileto y las epístolas paulinas?

  • Pablo les recuerda en Hechos 20.18, 31 y 34 cómo se ha portado entre ellos (comparar con 1 Tesalonicenses 1.5).
  • Por medio de su propio ejemplo, en el 20.19 él recomienda la humildad a estos dirigentes (comparar con Efesios 4.2, Filipenses 2.3-4).
  • Habla en Hechos 20.19, 31 acerca de las lágrimas que él ha derramado como consecuencia de su ministerio (2 Corintios 2.4; Filipenses 3.18).
  • En Hechos 20.21 Pablo afirma que su prédica es tanto a los judíos como a los griegos (Romanos 1.16 es solo uno de muchos posibles ejemplos). Insta a ambos sectores de sus destinatarios a un sano arrepentimiento (cambio de actitud) con respecto a Dios (2 Corintios 7.9b, Romanos 2.4), junto con la fe (Efesios 1.15, Colosenses 1.4; 1 Timoteo 3.13). 
  • En Hechos 20.24 Pablo habla de “terminar su carrera” (ver 2 Timoteo 4.7). En el mismo sentido, él ha comparado su servicio cristiano como el entrenamiento de un deportista para una carrera (1 Corintios 9.24-27). 
  • El “evangelio de la gracia” (Hechos 20.4) recuerda el papel principal que desempeña la gracia de Dios en la presentación del evangelio en epístolas como Romanos y Efesios
  • En Hechos 20.33 el apóstol habla de la manera en que él ha trabajo con las manos, para no ser una carga a nadie (1 Corintios 9.12, 2 Corintios 7.2, 11.9, 12.17, 2 Tesalonicenses 3.7-10). Por medio del trabajo es posible generar ingresos para ayudar a los necesitados, aconseja Pablo en el 20.35 (Efesios 4.28). 
  • En Hechos 20.31 hace referencia a la constancia de su propio trabajo, “día y noche”. (2 Tesalonicenses 3.8).
  • Habla en Hechos 20.29 de los “lobos feroces”, los falsos maestros, que intentarán acabar con la iglesia de Éfeso (1 Timoteo 1.3-7, 4.1-5).
  • En Hechos 20.28 habla de “la iglesia de Dios” (1 Corintios 15.9, Gálatas 1.13) y se refiere a sus dirigentes como “obispos” (Filipenses 1.1, 1 Timoteo 3.2, Tito 1.7).
  • La relación cercana entre Pablo y los cristianos de Éfeso produce una despedida emotiva en el 20.37 (2 Timoteo 1.4).

Otra prueba de la precisión de Lucas como escritor

La comunicación del Apóstol Pablo cuando habla en persona con otros cristianos (como en este discurso en Mileto) o cuando les escribe en sus epístolas, es de una misma temática y tiene un común estilo. En estos casos las palabras tan personales de Pablo nacen de una fe compartida; provienen de una hermandad experimentada, algunas veces por tiempos prolongados.  Incluso en algunos casos Pablo escribe, o habla, a personas con quienes ha convivido. Por lo tanto, no es sorprendente que Pablo se despida de los ancianos de Éfeso de una manera tan parecida a la que él demuestra cuando se dirige a las iglesias o a personas cercanas como Timoteo, Tito o Filemón. ¿Qué importancia tienen estas coincidencias entre las palabras de Pablo en el discurso a los ancianos de la iglesia de Éfeso y la manera en que él se expresa en sus epístolas?  Esta llamativa similitud indica que Lucas ha registrado con precisión el discurso de Pablo en Mileto. Podemos concluir firmemente que Lucas ha resumido el discurso de Pablo en Mileto como un buen cronista, incorporando matices y palabras pronunciadas por el apóstol mismo en aquel momento. Este narrador relata lo que él mismo presenció al estar en la despedida en Mileto. Igual que en el ejemplo del relato del viaje y naufragio en el capítulo 27 , otra vez podemos distinguir la precisión y el esmero de este escritor cuando comunica los sucesos relatados en Los Hechos de los Apóstoles.

Leemos con confianza los otros discursos en Los Hechos 

De la misma manera, en los demás discursos de este libro, en los cuales los apóstoles y evangelistas anuncian a un público no cristiano la salvación de parte de Dios, ¿no podemos confiar en que Lucas también transmitió lo que en su momento realmente se promulgó? Después de la comparación que acabamos de hacer, con mayor seguridad podemos recurrir a los demás discursos de Los Hechos, para constatar el testimonio de los primeros testigos de los eventos relacionados con Jesús. Al tomar conciencia de la exactitud con la cual Lucas escribía, podemos leer los demás discursos apostólicos con mayor razón, los cuales Lucas ha cuidadosamente investigado y relatado. De esta manera, por ejemplo, podemos saber que la promesa universal de salvación que los testigos apostólicos anunciaron es vigente hasta el día de hoy. Así se afirma en el primer discurso del libro, pronunciado siete semanas después de la resurrección de Jesús. En esta prédica inicial fue el Apóstol Pedro quien predicó a los peregrinos judíos reunidos en Jerusalén. Incluye una promesa universal “para ustedes, para sus hijos y para todos los que Dios quiera llamar”. Al finalizar el primer discurso registrado en Los Hechos de los Apóstoles, Pedro hace hincapié en la crucifixión, entierro y resurrección de Jesús, y concluye de la siguiente manera: 

“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo». Al oír esto, conmovidos profundamente, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué haremos?». Entonces Pedro les dijo: «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame». Y Pedro, con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: «Sean salvos de esta perversa generación».  (Hechos 2.36-40). 

La promesa sigue vigente

Esta promesa, para “todos los que el Señor nuestro Dios llame”, es el tema principal de nuestros breves cursos gratuitos en aula.bibliayteologia.org. En este sitio todos pueden inscribirse gratuitamente y comenzar a conocer sin costo el mensaje de las Sagradas Escrituras. Recomendamos también la serie en el blog bibliayteologia.org “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Para las personas que deseen investigar más a fondo Los Hechos de los Apóstoles, después de completar uno de los cursos online, recomendamos el estudio “El cristianismo en marcha”, el cual es posible retirar en forma impresa en Buenos Aires. 

Nuevamente agradecemos al grupo hogareño de la Iglesia de Cristo de Caballito que motivó estas dos entregas sobre El Libro de Los Hechos

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Parte 4: ¿En qué consiste una relación de pareja legítima?

Parte 4: ¿En qué consiste una relación de pareja legítima?

Desde un ambiente jerárquico en cuanto a la sexualidad

Recordemos de las entregas anteriores (1, 2, 3) que en la sociedad grecorromana (de la cual Corinto formaba parte) las relaciones de pareja se caracterizaban por el verticalismo  –la jerarquía– en el sentido que era aceptable para la persona que gozaba de más autoridad o poder social satisfacerse sexualmente con el cuerpo de la persona que tenía menos. Esto se veía especialmente en aquella cultura, la cual en gran medida se basaba en la esclavitud. El amo tenía autoridad sobre el cuerpo de su esclavo, sea hombre o mujer. Y, ya que las prostitutas solían provenir del rango de la esclavitud, frecuentarlas era una manera socialmente aceptable para que los hombres satisficieran el impulso sexual. Es decir, la prostitución se consideraba aceptable, pero no era una relación legítima en el sentido legal. Solamente la relación con la esposa, una mujer honrada era legítima para poder tener hijos y herederos conforme a las leyes. Cuando el apóstol Pablo se dirige a los cristianos de Corinto, les presenta un panorama muy diferente en cuanto a la relación de pareja. 

El apóstol Pablo responde a una pregunta 

Cuando empezamos a leer el capítulo 7 de la primera epístola a los corintios, vemos que Pablo contesta preguntas sobre el matrimonio, además de otros puntos que aparecen a lo largo del resto de la epístola. Nos limitamos a considerar la primera duda que los corintios le han planteado: 

1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer. 2 No obstante, por razón de las inmoralidades, que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.  3 Que el marido cumpla su deber para con su mujer, e igualmente la mujer lo cumpla con el marido. 4 La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os privéis el uno del otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oración; volved después a juntaros a fin de que Satanás no os tiente por causa de vuestra falta de dominio propio. 6 Mas esto digo por vía de concesión, no como una orden. 7Sin embargo, yo desearía que todos los hombres fueran como yo. No obstante, cada cual ha recibido de Dios su propio don, uno de esta manera y otro de aquélla.

1 Corintios 7.1-7, Biblia de las Américas

La primera pregunta que han formulado los cristianos de Corinto a Pablo es: “¿Es bueno para el hombre no tocar mujer?”. Así traduce literalmente del griego una frase que en el contexto significa: Es bueno para el hombre no tener relaciones sexuales. Pablo concede que está bien no tener relaciones sexuales, e incluso cuando afirma que desearía que todos fueran como él (versículo 7) se refiere a su propia práctica del celibato, reconociendo al mismo tiempo que esta condición no es para todos. 

Es imposible deducir con seguridad el origen de esta pregunta que los cristianos corintios le han formulado a Pablo. ¿Sería que al enterarse de que existen parámetros diferentes para la sexualidad dentro del cristianismo, algunos piensan que el sexo en sí es malo? ¿Sería por eso que preguntan si está bien tener relaciones sexuales?

O, como afirman algunos autores, ¿la idea de la castidad incondicional surge del estoicismo, una filosofía influyente de la época en esta región? ¿La influencia de maestros estoicos motiva la pregunta de los corintios? No podemos saber con seguridad el porqué de la pregunta, pero sí está clara la respuesta: lo que Pablo va a enseñar surge debido a las varias formas de inmoralidad sexual aceptadas en la sociedad grecorromana. Su enseñanza surge “por razón de las inmoralidades”. 

¿En qué consistían estas inmoralidades? En el griego corriente de esta época, inmoralidad (porneia) se refería a cualquier relación sexual fuera del matrimonio. En este caso el autor usa el plural, “inmoralidades”. ¿A qué se debe esta pluralidad? En el contexto de los capítulos anteriores (1 Corintios 5 y 6), las inmoralidades incluyen incesto, adulterio (definido como infidelidad de uno de los dos cónyuges), relaciones homosexuales entre varones y prostitución (ver la entrega 3). Ahora Pablo especifica que debido a estas clases variadas de inmoralidad sexual “que cada uno tenga su esposa y cada una tenga su marido”. 

¿Hombre o esposo, mujer o esposa?

Aquí surge un detalle del griego que es necesario mencionar. Literalmente la palabra “esposa” (guné) significa mujer y se usa en el mismo sentido en el que actualmente en castellano un marido puede hablar de su esposa o su mujer. Son sinónimos cuando ambos términos se refieren a la cónyuge femenina. No obstante, guné también puede referirse a cualquier mujer, no solamente la esposa. El contexto determina cuál de los dos sentidos se entiende. De la misma manera, la palabra traducida como “marido” (anēr) también puede significar simplemente varón. Si es así, ¿por qué en este versículo ninguna versión de la Biblia en español traduce en el 7.2 de la siguiente manera: que cada uno tenga su mujer y cada una su varón?

En primer lugar, antes de despedirnos de esta posible traducción, es importante rescatar el sentido básico de los términos griegos: anēr (varón) y guné (mujer), ya que una de las formas de inmoralidad que se había nombrado en el capítulo 5 era justamente la homosexualidad entre varones. Aquí en el 7.2 Pablo establece que solamente es legítima una pareja heterosexual, es decir, un varón con una mujer, una mujer con un varón. Él avaló justamente la relación heterosexual estable por causa de las “inmoralidades sexuales”, las que en 1 Corintios 5.9 incluían las relaciones sexuales entre varones. 

Pero más allá de este sentido básico, ¿cómo sabemos que en el 7.2 guné (mujer/esposa) se usa en el sentido de esposa y anēr (varón/marido) se emplea en el sentido de marido? Se deduce por el contexto.

Sabemos que Pablo se refiere a la relación heterosexual entre cónyuges, porque eventualmente dirá que, si una pareja de novios no puede controlar su impulso sexual, entonces “que se casen” (1 Corintios 7.9); es decir, que formalicen su relación. En este caso el marido será el varón que la mujer tiene como “propio”, y la esposa será la mujer que el varón tiene como “propia”. Los adjetivos que se traducen como “propios” (7.2) sugieren exclusividad y dan a entender que cualquier práctica sexual fuera de esta relación conyugal no es legítima. El “propio varón” es el marido; la “propia mujer” es la esposa. 

Un relato de la vida de Jesús 

Podemos ver un ejemplo esclarecedor del evangelio de Juan. El doble sentido del término anēr (varón/marido) es evidente en el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana. En un momento de la conversación, leemos lo siguiente:

Jesús le respondió: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí”.

La mujer le respondió. “No tengo marido”.

Jesús continuó “Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.

Juan 4.17-18

Como hemos visto, la palabra traducida como “marido”, anér, también podría traducirse como varón. Entonces, ¿por qué no traducimos estos versículos de la siguiente manera?

“Ve, llama a tu varón y vuelve aquí”.  

“No tengo varón”.

“Tienes razón al decir que no tienes varón, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu varón”. 

Esta traducción es imposible por una sencilla razón. En la frase “el que ahora tienes”, se utiliza un pronombre relativo masculino (“el que”) y por lo tanto necesariamente se refiere a un “varón”, pero Jesús no considera a este “varón” legítimo: “no es tu varón”. Por lo tanto, cuando dice que “el que tienes ahora…no es tu varón (anēr)” quiere decir: “no es tu marido (anēr)”, así como está correctamente traducido el término en todas las traducciones al español de este versículo. En el judaísmo de Samaria, donde se manejaban exclusivamente por la Torá en materia religiosa, una mujer podría volver a casarse después de quedarse viuda o después de haber sido divorciada. Evidentemente esta mujer había tenido cinco relaciones conyugales, pero ahora vivía con otro hombre sin formalizar la relación. Ella “lo tenía”, pero no era su marido. Jesús no está negando el género de su pareja, sino la legitimidad de la relación. Es decir, su compañero es varón pero no es marido. Para Jesús, tener a alguien no es lo mismo que estar casado. El hecho de «estar con alguien» no constituiría el matrimonio a sus ojos.

El varón propio de una; la mujer propia de uno 

Encontramos este mismo sentido aquí en la Epístola a los Corintios 7.2. Tener el “propio varón” (esposo) de una mujer o la “propia mujer” (esposa) de un hombre es una relación duradera y seria: un matrimonio que no admite terceros. Pablo exhorta a la pareja de novios que no puede controlar sus impulsos sexuales a casarse (1 Corintios 7.9), a entregarse a una relación de pertenencia mutua, duradera y seria. En la próxima parte de esta respuesta veremos que para Pablo tal “pertenencia” no significa jerarquía sino más bien reciprocidad e igualdad.

Nuevamente agradecemos a Nicole y otras personas por motivar esta serie de preguntas y respuestas. 

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Parte 2: ¿Cómo puedo empezar a leer la Biblia? Con respecto a la interpretación…

Parte 2: ¿Cómo puedo empezar a leer la Biblia? Con respecto a la interpretación…

Después de publicar la primera parte de esta serie de entregas, un lector nos cuestionó si los cursos gratuitos que ofrecemos pretendían interpretar correctamente la Biblia. También él afirmó que las Escrituras no son de “interprepación privada”;  sino que más bien hacía falta que alguna autoridad apostólica facilitara una correcta interpretación de ellas.

Consideramos que nadie puede estar seguro de interpretar correctamente la Biblia; ni siquiera a través los los cursos que promocionamos (aunque hagamos todo lo posible para lograr eso). Conociendo esta dificultad, llegado el momento de la interpretación, necesitamos recurrir a ciertos criterios: 

Tener una mente crítica.

En primer lugar, uno debe ser como los oyentes de la sinagoga de ciudad Berea, quienes “examinaban todos los días las Escrituras para verificar la exactitud de lo que oían” (Hechos 17.11, Libro del Pueblo de Dios). Otras traducciones dicen que “escudriñaban” o “estudiaban” diariamente las Escrituras para verificar si era verdad lo que escuchaban. Fundamental, entonces, es tener una mente crítica. 

Fijarse en el contexto.

¿Que quiere decir nuestro lector con la idea que “las Escrituras no son de interpretación privada”? Él podría estar aludiendo a una cita del apóstol Pedro: 

20 Pero antes que nada deben entender esto: Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque la profecía nunca estuvo bajo el control de la voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron bajo el control del Espíritu Santo.

2 Pedro 1.20-21, Nueva Versión Internacional

Con una primera lectura de este versículo, pensaremos tal vez que las palabras “interpretación privada” pueden entenderse de dos maneras: refiriéndose por un lado a la interpretación del lector de las Escrituras, y por otro a la de su autor. Consideremos cada una de ellas a continuación.

Si se refiere a la interpretación del lector, quiere decir que nadie que quiera leer la Biblia puede interpretarla correctamente por su cuenta. Haría falta alguna autoridad más bien “apóstolica” que sí sería capaz de interpretarla de una manera definitiva. Esta es la manera en que la Iglesia Católica tradicionalmente ha interpretado estas palabras de Pedro. Solamente la Iglesia podría explicar lo que dice la Biblia, según esta manera de entender el versículo. 

 Sin embargo, la segunda posible opción de “interpretación privada” tendría más que ver con la intención de los autores de las Escrituras en el contexto espacio temporal en el cual las redactaban. Solo tenemos que seguir leyendo en el siguiente versículo (21) para saber que el autor humano no está expresando su interpretación de la realidad; sino sencillamente comunicando en sus palabras lo que recibió por medio del Espíritu Santo. De esto se trata justamente la inspiración. Lo que escribe, no es una interpretación “privada” de parte del autor; es más bien la Palabra de Dios lo que él transmite. 

¿Una autoridad apostólica es necesaria para interpretar?

Utilizando una “mente crítica” y “guiándonos por el contexto” en este ejemplo podemos afirmar que en el pasaje citado, el apóstol Pedro utilizaba las palabras “interpretación privada” para afirmar que los profetas del Antiguo Testamento no comunicaban su propio parecer con respecto a la verdad, sino más bien la Palabra de Dios.  ¿Pero qué pasaría si convertimos al mismo autor inspirado en lector? Es decir, un profeta u otro autor inspirado, además de contar con la inspiración para escribir, ¿puede valerse de la misma capacidad sobrenatural para interpretar lo que otro escribe? En la misma epístola el apóstol Pedro nos ayuda a contestar esta pregunta. 

15 Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. 16 En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.

17 Así que ustedes, queridos hermanos, puesto que ya saben esto de antemano, manténganse alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos libertinos, pierdan la estabilidad y caigan.

2 Pedro 3.15-17, Nueva Versión Internacional 

De esta cita podemos deducir que:

  • Tanto el apóstol Pedro como el apóstol Pablo escribían acerca de “la salvación”, tema fundamental del Nuevo Testamento.4
  • El apóstol Pablo escribía con la “sabiduría que Dios le da”. Es decir, era inspirado, igual que los profetas del Antiguo Testamento anteriormente mencionados. Jesús había dicho a los apóstoles que el Espíritu Santo iba a guiarlos a “toda la verdad” (Juan 16.13).
  • Por más que escribían los dos apóstoles sobre un mismo tema, Pedro encontraban que los escritos de Pablo tenían algunos puntos difíciles de entender. Es decir, a un apóstol inspirado le costaba interpretar a otro. 
  • Pedro insta a sus lectores a “mantenerse despierto” y no permitir que falsos maestros los convenzan con una versión tergiversada de las enseñanzas apostólicas. 
  • Los falsos maestros a los que Pedro refiere son “libertinos”, es evidente que los principios morales particulares influyen en como se entiende y transmite alguna enseñanza de la Biblia.

Si Pedro siendo apóstol encontraba que ciertos escritos del apóstol Pablo tenía “puntos difíciles de entender”, ¿por qué pensaríamos que alguna autoridad “apostólica” moderna podría garantizar una interpretación acertada de la Biblia? La inspiración divina es lo que guiaba al autor profético o apostólico cuando escribía, pero no es tan evidente que la misma inspiración lo dirigía en el momento de interpretar lo que otro autor inspirado había escrito.

Por otro lado, es claro el consejo inspirado que Pedro escribe aquí: “mantenerse despierto” a la hora de interpretar. Pueden abundar interpretaciones de personas “ignorantes y inconstantes”, e incluso falsos maestros que tergiversan el sentido de las Escrituras. ¿Cómo entonces “mantenerse despierto” para la tarea de interpretar correctamente la Palabra de Dios? ¿No estaremos más prevenidos y preparados para interpretar si desarrollamos criterios como los de “tener una mente crítica” y “fijarse en el contexto”? ¿No es importante cuidar nuestro comportamiento moral, ya que influye sobre cómo interpretamos todo lo que entra en nuestra mente? Si Dios inspiró a los autores bíblicos para comunicarse con los hombres, somos capaces, y hasta responsables, de intentar entenderla correctamente.

Queremos agradecer a Manuel por llamarnos la atención respecto a este tema, ya que nos motiva a meditar aun más sobre cómo empezar a leer la Biblia.

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Invitamos a todos a aceptar el desafío de leer y aprender a interpretar la Biblia, tal vez acompañando la lectura con dos breves estudios programados disponibles gratuitamente en aula.bibliayteologia.org.

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Parte 1. ¿Cómo puedo empezar a leer la Biblia?

Parte 1. ¿Cómo puedo empezar a leer la Biblia?

Con nuestras últimas publicaciones una cantidad importante de personas nos han hecho esta pregunta. Aquí se intenta comenzar a facilitar una respuesta general. 

En primer lugar, hay que entender que una correcta lectura de la Biblia forma parte de un diálogo entre uno y Dios. ¿Por qué “correcta”? Resulta que no va a cumplirse el propósito de Dios cuando Él reveló este libro si lo lees como cualquier otro. Él tenía algo en mente cuando iba inspirando las obras que componen la Biblia en las mentes de numerosos escritores humanos a lo largo de los siglos. Dios les habló, para que por sus escritos los seres humanos podamos tener una relación cercana con Él. Esta relación puede entenderse hasta cierta medida como un diálogo. 

¿Cómo empezar el diálogo?

En este diálogo entre Dios y tú hay un ir y venir constante, donde interviene en gran parte la oración: consta, por ejemplo, de decirle en primer lugar a Dios que estás dispuesto a escucharle. Si no quieres escucharle, bueno, díselo. Si no sientes su existencia como una realidad, también házselo saber. En cambio, si puedes acercarte a Dios como tu Padre Santo, a Jesús como tu Señor, no dejes de expresarle tu reverencia, tu predisposición a aprender y obedecer. Tal vez te encuentres en el medio; lo importante es tu honestidad. En esta parte del diálogo, y durante todo el transcurso de la lectura, nada reemplaza el sincerarse sin reservas con Dios. Una de nuestras problemáticas incuestionables como seres humanos es el no tener la costumbre de escuchar. Reconocer esta falta de predisposición es seguramente un primer paso para alcanzar una mente despejada y así poder realmente oír.

¿No te pasa esto en una conversación con cualquier allegado? ¿No te explayas más con las personas que muestran más interés en escucharte? ¿Pasará lo mismo con Dios? Si no quieres escucharlo, no te sorprendas si no te habla. 

Buscar el momento.

Luego, o incluso antes, como en cualquier conversación importante, hace falta tener un momento a solas para poder realmente escuchar. A veces es fácil encontrar este momento, otras veces no tanto. En otras ocasiones, los tiempos con los que contamos facilitan o impiden ese momento de manera inesperada. 

Después de lograr una disposición a escuchar, ¿dónde empiezo a leer? En la primera lección de Introducción al mensaje de la Biblia, encontrarás algunos indicios. Se recomienda seguir las sugerencias que aparecen allí.

Para acceder a esta lección la manera más fácil es inscribirse en el sitio aula.bibliayteologia.org y luego elegir este curso (hay por ahora dos opciones de cursos). Son gratuitos, uno se inscribe ingresando la dirección de correo electrónico. Si tienes alguna dificultad técnica en inscribirte podemos ayudarte (escribir a: consultas@bibliayteologia.org).  La primera lección de este curso te dará una idea de dónde comenzar a leer y el orden a seguir.

Leer y meditar.

Ahora, en la entrega actual veremos un párrafo de la Biblia como ejemplo.  Elegimos éste en particular porque tiene que ver con la pregunta: ¿cómo puedo empezar a leer la Biblia? Nos permite ver dos consejos más: leer y meditar. Verás la necesidad de no solo leer el párrafo, sino también de meditar en lo que dice e incluso concientizarte de la importancia de seguir en diálogo con Dios, cuestionándole, respondiéndole en dónde su palabra te llegue. El párrafo elegido es de la Epístola a los Hebreos 4.12-16. 

12  Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. 13Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

14 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. 16 Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. (Versión citada: Nueva Versión Internacional). 

  • Leemos en primer lugar para tener una idea general de lo que dice. Luego, volvemos a leer buscando nexos. Estas son palabritas que muestran la relación lógica entre ideas. En el párrafo citado están sombreados en este color (que no aparece en el original). Los nexos en este párrafo son:
  • “Ciertamente” (versículo 12) 
  • “Por lo tanto” y “ya que” (versículo 14)
  • “Porque” (versículo 15)
  • “Así que” en el versículo 16. 

“Ciertamente” (vs. 12) indica que lo que sigue tiene alguna relación con lo que se escribió justo antes. En otras versiones en castellano2 en vez de “ciertamente” dice “pues” o “porque”, lo que acerca la traducción un poco más a la palabra en el griego original: gar. Este término indica que la idea que sigue tiene relación con otra expresada en las oraciones anteriores.2

“Por lo tanto” y “ya que” (versículo 14) también muestran una relación lógica con una idea anterior. En el griego original, traduce una misma palabra: oun

“Porque” (versículo 15) es la misma palabra en griego que en el 12 (gar) para mostrar un nexo lógico con la frase anterior. 

“Así que” (versículo 16) repite la palabra oun empleada en el versículo 14. 

Los nexos muestran que todas las oraciones en esta cita están relacionadas lógicamente entre sí. A medida que leemos, reflexionamos (meditamos) con respecto a estas relaciones. En el griego original encontramos solamente dos nexos (gar y oun) que se reiteran. En castellano, para evitar la repetición, en algunas versiones utilizan otros nexos que son sinónimos, pero al hacer esto, se pierde la estructura aleatoria en el idioma original gar-oun-gar-oun que tiene como finalidad unir aún más las ideas. Se menciona este detalle solamente para indicar la utilidad de comparar más de una versión, y cuando difieren entre sí, intentar en lo posible averiguar por qué, remitiéndonos al idioma original. Es decir, tiene valor consultar varias versiones, pero al mismo tiempo, límites.

Buscar ideas claves: 

La palabra tiene vida y poder

Existe una cantidad importante de ideas claves en este párrafo, pero posiblemente nos llame en primer lugar la atención que la palabra de Dios tiene “vida y poder”. Analicemos por partes: ¿Por qué tiene “vida” (o literalmente en el griego “viviente es” o “está viva”)? En busca del porqué, debido al nexo mencionado (versículo 12 “ciertamente” o “porque”), debemos remontarnos a lo que se escribió en los renglones anteriores. El “porque” (gar) es una conclusión a algo previo. De manera que, si leemos todo el capítulo 3 hasta el 4.11 vemos que se alude a un incidente ocurrido siglos antes cuando Dios habló desde el monte Sinaí a su pueblo, recién salido de Egipto, para impartirles el antiguo pacto contenido en la ley de Moisés. En ese momento los “oyentes” no quisieron escucharle. Luego, en un salmo se refiere a este mismo incidente de testarudez, tratando lo ocurrido como un suceso ya ocurrido siglos antes, pero a la vez transportándolo a aquel presente con las palabras, “Hoy… si escuchan su voz…” Repitiendo esta frase (en los versículos 3.7, 3.13, 3.15, 4.7) se enfatiza la palabra hoy, lo que lleva a la conclusión lógica: “Escuchen” porque “La palabra de Dios está viva”. Dios habla ahora, hoy, a lo largo de la historia con su pueblo: en Sinaí, algunos siglos después en el salmo, luego a lo largo de los años a los lectores del mismo salmo, aun en un siglo posterior, cuando se escribió la epístola a los Hebreos, y todavía ahora, cuando nos acercamos a la lectura de este párrafo, habiéndonos preparado para “escuchar”. “Hoy escuchen su voz…” Lo que se afirma es que la palabra no cambió, habla hoy; está viva. No obstante, nuestras situaciones en que la escuchamos atentamente sí cambian. Por eso, preparémonos para escuchar antes de leer. Recordemos que el primer paso es “buscar el momento”.

 La palabra es “poderosa”.

Se cierra esta primera frase con otro término clave: poderosa.  “La palabra de Dios está viva y es poderosa”. En vez de poderosa algunas versiones proponen como traducción la palabra eficaz: “La palabra de Dios es viva y eficaz”.  En realidad, esta palabra en el sentido de eficaz = “eficiente” no se acerca a la idea original de la palabra, la cual en griego es energēs. Este término en el Nuevo Testamento se refiere a una operación u obra que va más allá de lo humano, es sobrenatural.3 ¿Cuál es el poder sobrenatural que tiene la palabra de Dios? Cuando nos preparamos y la escuchamos como tal, llega a lo más íntimo del ser humano, pone al descubierto nuestros sentimientos y pensamientos, nos permite vernos como el Creador nos ve (4.12-13). Nos permite ver con qué criterios nos juzgará cuando llegue el momento de una rendición de cuentas. Todo está expuesto frente a los ojos del que nos creó. Dios nos conoce tal como somos, porque es nuestro Creador. Como tal Él es omnipotente y omnisapiente, conociendo todas nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. 

Sin embargo, esta enseñanza no concluye aquí. Si termina con la idea de ser juzgados por lo que sentimos, pensamos y hacemos, ¿quién podría presentarse tranquilamente ante el juicio? Pero gracias a los nexos que vinculan los versículos 14-16 con los 12-13, encontramos otra manera que Dios nos conoce que se coordina con el conocimiento de Dios como Creador; esta segunda manera de conocernos puede traernos esperanza. El Creador se hizo hombre y por lo tanto nos conoce desde adentro. Por la experiencia humana de Jesús, Él entiende en carne propia lo que son nuestros pensamientos y sentimientos. Fue puesto a prueba “en todo” como nosotros, con la gran diferencia de no haber nunca incurrido en el pecado, i. e. él siempre actuaba conforme a la voluntad del Padre. Es el único representante digno para la humanidad.4 Gracias a esta comprensión divina, el trono de Dios no es solo un tribunal, sino más bien un “trono de gracia” donde se encuentra ayuda en los momentos en que “más la necesitemos”. ¿No nos da este párrafo material para seguir meditando?

¿Cómo termina el diálogo?

Después de meditar en lo que leo, o mientras leo, sigo dialogando en oración con Dios. ¿Cómo puedo realmente escuchar lo que me dice en mi “hoy” y llevarlo a la práctica? En realidad, el diálogo no termina. Podrá haber una respuesta de mi parte que se expresa en oración y/o en alguna acción que responde a la manera en que la Biblia, como Palabra de Dios, ha tocado de manera poderosa mi mente y corazón en el momento en que la experimento. Esta respuesta requiere meditar, es decir, tomar el tiempo para pensar en lo leído, preguntarme a mí mismo y a Dios cómo actuar en los momentos actuales que me tocan vivir. Parte de la respuesta seguramente es desarrollar con paciencia la práctica de acercarme a una lectura dinámica de la Biblia como parte de mi relación con Dios. 

Otras lecturas: Introducción al mensaje de la Biblia (ya mencionado). Sobre el papel de Jesús como personaje central en la Biblia, también recomendamos nuestro curso por internet: Lecciones sobre el Libro que presenta a Cristo. En el índice de “preguntas y respuestas” en bibliayteologia.org tal vez resulte útil la serie de respuestas sobre ¿Qué debo hacer para ser salvo?

Muchas gracias a varios lectores que han preguntado acerca de dónde empezar a leer la Biblia. ¡Esperemos que esta nota les sea útil!

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